Tarde de sábado, poesía.
Junto a la pequeña plaza..., una de las paredes que pertenece a la casa,
ahí está, ésta es la casa ¡tantos años, gran vacío, casa deshabitada!
Aquí, en tiempos de nuestra infancia, en tiempos en que veíamos salir por el patio de la entrada lateral a aquella mujer bajita, con un pañuelo que le cubría la cabeza, que llevaba un delantal oscuro; que nos daba miedo aquella estampa de baja estatura, femenina estampa.
Su caminar de señora encorvada, de cojera discreta, vestida la señora con el aquel negro definitivo, concentrado, de por vida igual atuendo a ceniza símil, así jornada a jornada, semana tras semana, oscura cojera más blanco capilar.
Bajo el brazo llevaba un saco áspero marrón, de suave color piel de patata, color arenoso; no sabíamos para qué sería, qué tramaría aquella anciana.
Se alejaba por un sendero cartografiado a la salida del pueblo, por ese camino estrecho camino de herradura caminaba lenta, cautelosa, como al acecho de algo, qué tramando estaría, pues miraba por los márgenes matorrales, como que buscaba algo... ¿pero qué?
Ahora, hoy, aquí, en este lugar, ¡éste!, en el que los años los tiempos han transcurrido, hete aquí la casa, aquí enfrente, aquí la vemos, aquí solitaria.
Por dentro debe de estar fría, ¡parece cadáver de muñeco abandonado!, pura desolación.
Qué fría debe estar.
Vacío silencioso entre paredes polvo, falto de escoba trapo.
Silencio que ensordece.
Silencio que también e incluso estremece aniquila.
Qué tanto tiempo sin barrer el piso.
Muebles a buen seguro cubiertos todo este tiempo, desde que...
Pues mira, en verano, cada verano, mira ¿las ves?, vienen las abejas, sí, pero las de la madera, entran, salen de entre la rendija de las dos vigas en horizontal, empotradas en la pared a modo de antiguo marco, como de sostén, para marco de ventana un sostén.
¡Mira!, insectos abeja, oyes vibran, cómo revolotean alrededor de la ventana que da junto a la pequeña plaza.
La casa, aquí resiste aún.
Pese a estar con gran vacío en sus adentros ni mu.
Ahí está.
Está vacía.
Llena de soledad, sin habitación de ser humano alguno que aquí venga se atreva.