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El rincón literario: La ley de la puna peruana
Rucu Atoc fue un viejo zorro que habitó la ondulante Pampa de Lampas de la meseta chiquiana, cuna del bandolero romántico "Luis Pardo". De joven se constituyó en el mamífero carnicero más depredador de la zona, convirtiéndose con el tiempo en el terror de las manadas circundantes a la laguna de Conococha, naciente del río Santa, pues no había carnero o becerro tierno que se le escapara de sus sólidos caninos de raposa. Inclusive muchas veces mataba a los indefensos animales por el único afán de satisfacer su instinto asolador.

Hasta los experimentados perros pastores hacían mutis cuando a la distancia percibían su característico olor zorrino; es decir, un temido cánido por los cuatro costados. Tenía el hocico puntiagudo, pelaje abundante de color gris amarillento, pies cortos, cola recta y gruesa que parecía un plumero; ni que hablar de su astucia innata y su envidiable capacidad para mimetizarse entre la neblina y los pajonales.

Los rumores de su ferocidad fue el comentario diario en las llanuras chiquianas. Unos decían que durante una cruenta lucha con un puma de dos años le dio muerte sin misericordía y se comió sus despojos; otros afirmaban que un día de luna llena se tragó un burro entero; algunos fueron un poco más allá y deslizaron que mató sin piedad a dos perros pastores y después se llevó arreando cinco corderos hasta su madriguera.

Pasaron los años y se puso viejo. A los 13 años de edad caminaba con el rabo entre las piernas urgando comida entre el ichu. Ya los pastores y el ganado lanar ni siquiera lo tomaban en cuenta como depredador, convirtiéndose de la noche a la mañana en vegetariano, más por fuerza de las circunstancias que por vocación, consumiendo como dieta las raíces de los retoños de huagoros y uno que otro huevo de chacua o algún pajarito que hallaba muerto en su camino, a la par que sus colmillos se ponían cada vez más romos y sus orejas por más intentos que hacía no lograba pararlos.

Cierto día cansado de deambular buscando alimento se internó en el bosque de piedras de Shajsha Machay, donde permaneció por más de tres horas subiendo y bajando las cornisas morenas de las inmensas peñas. Ya cuando estaba a punto de desistir de sus esfuerzos por lograr una presa fácil que calme su hambre, avistó a tres vizcachas recibiendo los últimos rayos del sol de la tarde; dos de ellas adultas y una muy pequeñita, al parecer su primer día fuera de la madriguera.

Rucu Atoc caminó disimuladamente, se agazapó cubriéndose con la paja brava, e intempestivamente se abalanzó sobre los tres indefensos roedores, que al notar su fantasmal presencia desaparecieron como por encanto del lugar, menos la pequeña, que a duras penas se introdujo a una grieta circular cubierta por un manojo de huamanripa en pleno peñasco. Sin medir las consecuencias, el viejo zorro metió su cabeza por el estrecho corredor de piedra, luego con sumo esfuerzo introdujo todo su cuerpo a excepción de la punta de su cola que quedó fuera.

Mientras avanzaba milímetro a milímetro reptando, daba débiles manotazos a la vizcachita que al sentir sus garras corvas chillaba haciendo retumbar el minúsculo ambiente, a la par que sus padres desde el exterior se sumaban al concierto, chillando de desesperación y mordisqueandole la cola. Al cabo de unos minutos el zorro sintió que le faltaba aire y empezó a respirar con dificultad, ya sus pulmones iban a estallar, sus ojos parecían dos gotas de gelatina en la oscuridad y de su espinazo maltratado por las filudas salientes de la roca empezó a manar sangre viva que humedeció todo su pelaje.

Luego de varios intentos por capturar a su presa descansó unos segundos y estiró lo más que pudo su pata derecha. Para su sorpresa tocó el final de la angosta covacha. Ante la imposibilidad de avanzar trató de salir una y otra vez con todas sus energías, pero todo resultó en vano y quedó finalmente atrapado. En ese instante pasaron por su mente miles de imágenes de su época de joven carnicero donde generalmente salía airoso, pero los chillidos de angustia de la pequeña vizcacha y de sus padres lo despertaron de su momentáneo sueño de triunfos idos.

Haciendo un último intento abrió lo más que pudo sus fauces anegadas de saliva y aspiró todo el aire que pudo, tragándose al indefenso roedor que selló su tráquea como ventosa haciéndolo convulsionar. Antes de expirar escuchó el último chillido de la vizcachita en su garganta y en fracción de segundos se vio volando como "Pegaso" por sus antiguos dominios del páramo andino; pero esta vez, el gris torcaza del ocaso lo cobijó para siempre con sus vellones blancos...........

Voces nativas
Atoq: Zorro

Chacua: Perdiz

Chiquián: Provincia de Bologensi - Ancash

Escorzonera: Planta medicinal.

Huagoro: Cacto raquítico rastrero.

Guetu: Pelo apelmazado en el lomo de los perros y zorros de la puna.

Huamanripa: Planta Medicinal.

Ichu: Gramínea de hojas delgadas y punzantes.

Manadas: Lugares de crianza de ganado vacuno y lanar.

Neblina: Meteoro acuoso que se presenta como cortina blanca impidiendo la visibilidad.

Pampa de Lampas: Páramo andino a 4.100 m.s.n.m (chiquián)

Pajonales: Lugar donde crece en manojos la paja brava.

Rucu: Viejo

Shajsha Machay: Paraje chiquiano colmado de roquedales.

Torcaza: Paloma andina de color gris.

Vellones: Lana esquilada de oveja en forma de nubes.

Vizcacha: Roedor de color gris, larga cola, orejas anchas y redondeadas. Su carne es muy sabrosa.

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Nalo Alvarado Balarezo (nalitoalvarado@hotmail.com)
1 de febrero del 2005

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Sobre el autor:


Nalo Alvarado Balarezo (Armando Arnaldo Alvarado Balarezo) nació el 15 de junio de 1951 en Barranca (LIMA - PERÚ). Sus estudios primarios y secundarios los realizó en Chiquián un pintoresco pueblo de la sierra de Ancash, donde alimentó su sentimiento telúrico.

Es Oficial de Policía jubilado con beneficios de general. En 1985 egresó de la facultad de derecho y ciencias políticas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y actualmente estudia en la Escuela de Escritura Creativa del Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú, bajo la conducción de los afamados escritores peruanos Alonso Cueto e Iván Thays.

Escribe cuentos, crónicas, pensamientos y poemas andinos desde sus años juveniles, que comparte con sus coterráneos a través de cartas a las que denomina: "HOLA SHAY" (Hola amigo) y las páginas:
www.chiquian.com
y
http://groups.msn.com/funaea2sdo3aih2pn76h87teh7

Sus mayores deseos son crecer como ser humano y que todo el mundo conozca sobre las bondades naturales del Perú profundo. Sueño tantas veces acariciado por José María Arguedas.





 
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