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ya estuvimos ahí, donde el dolor del dolor persistente era el efecto de la carne en el frío. Estuvimos ahí, con el cielo en la piel y las manos atadas. Alguien vio que eramos el final. Alguien vio que eramos los ojos del miedo y la cicatriz del caos. Estamos atrapados y sólo tenemos un cuchillo contra el viento, la claridad de ser una culpa y la vejez que nos corre. Nos están llevando, nos dieron un sol en el cementerio y sus queridos milagros para colgar en la pared de nuestros pecados. No nos tenemos piedad. Y la ironía de estar solos pero de la mano nos está envolviendo. No nos tenemos piedad y ya nos han atrapado.
Sobre el autor: Guadalupe Oyola, Necochea (Argentina), 27 años. Publicó su primer libro en el año 2002 de manera independiente titulado Entre dos soles. |
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