Autor: Volskiervers Fuente: https://www.polseguera.com/writers/writing-894_restaurante-km-666.html Restaurante Km 666 Raquel acaba de vestirse para la ocasión. Asoma la cabeza por la ventana, para comprobar si Agapito ya ha llegado. La joven, con aspereza, se despide de su abuela: "¡Vendré tarde!" La señora mira el televisor, el concurso de preguntas, de Raquel se despide a medias, sin contacto visual, y de nuevo el concurso de... respuestas. La joven, al acercarse a la puerta de la vivienda para salir, advierte un sobre en el mueble del recibidor, se lo acerca para verlo mejor, en el membrete está impreso el logotipo de uno de los comercios a los que debe dinero…., pues Raquel, debido a que en ocasiones ha sido impulsiva, caprichosa y superficial, ha generado deudas contraídas tiene por no imponerse límites. A pesar de que en la actualidad trate de controlarse. Intenta pagar, lo hace como puede, y cuando puede. A consecuencia de ello su carácter a veces se altera, parece enfadarse por naderías. Funciona, como se suele decir: algo arisca, muy susceptible. Falta poco para las veinte horas y veinticinco minutos, Raquel sale a la calle, en ese momento llega Agapito al volante de su auto de segunda mano, y cambio de marchas manual, como a él le gusta. Se dan un beso, charlan un par de minutos en la calle y…. "¿Dónde podemos ir a cenar?", él, tras preguntar, queda pensativo. Ni la una ni el otro dan respuesta. Por la acera de enfrente ven pasar a una mujer de aspecto desaliñado e inquietante, como si se tratara de una figurante o incluso actriz secundaria en una película de época, con heridas con armas blancas y gritos y litros de tinta roja. Raquel no deja de mirarla… La mujer empuja un carro sin compra, pero sí con sus pertenencias por vivir en la calle. Saca papeles de una papelera, esos movimientos no parecen naturales son más bien de tipo como compulsivo. Le cae uno al suelo, la mujer no lo percibe..., al acabar prosigue su camino como si su destino la siguiera a ella y ella a su destino… Se dirige a un callejón cercano, allí más contenedores, allí más rebuscar. A Raquel no se le ocurre otra cosa que cruzar la calle e ir a ver qué papel es ese, lo coge. Agapito la mira algo extrañado, sorprendido. Cierto, es un comportamiento extraño. Raquel y sus manías, quizás sí o quizás no...Él a veces tiene dudas. La joven regresa a este lado de la acera, mira... el papel, lo examina. Hace referencia a un establecimiento: "Km 666 Restaurante". "Pues mira, ya tenemos sitio para ir a cenar", y como él tiene muchos problemas con el sí y con el no, pues... suben al auto y se enrumban para allá, él con dudas, ella lo contrario. Según el opúsculo, el extraño restaurante no está demasiado lejos. Siguen adelante en esa dirección. Él dice: "Que nombre más raro el de ese restaurante". Ella no deja de mirarse los labios en el espejo del parasol, se retoca el cabello. No dice nada. Ya falta menos. Ya oscurece, en pocos minutos el paisaje no se distinguirá más allá del haz luminoso de los faros del vehículo. ¿Luz natural? Algo queda, muy poca. El lugar, por lo poco que se aprecia, parece como un paisaje propio de una de esas películas con caserones en medio de parajes extraños desde los que parece que se escuchen gritos desde apartadas mazmorras. Una pista forestal atraviesa el bosque, además de la irregularidad del camino, que está en exceso pedregoso, la pista forestal requiere mucho cuidado mucho freno, lo que permite a Raquel mirar con curiosidad y más detenimiento a su alrededor. Y gran precisión del joven al volante. Todo ello hace que Agapito, con delicadeza en el manejo del embrague, aumente la cautela y haya de mantener una velocidad en extremo baja, él está absorto atento a cualquier hoyo o hendidura. El entorno es propicio para que la imaginación crea ver como si tras los árboles hubiese algún inquietante personaje que mira a la pareja pasar... Las puntuales refriegas de pareja hacen acto de presencia y....Agapito ya no aguanta más, y de pronto, un tópico ante el volante: "¡No sé por qué razón siempre tenemos que hacer lo que tú digas!". Ella, a modo de contraataque, hace uso de otro tópico, pues se limita a ignorarlo con cara de desagrado y hartazgo. Intercambio de tópicos que se quedan en eso, en que nadie emprende acciones personales para averiguar qué hay detrás de eso...¿conflictos? O simples tontadas. Ya han llegado, y desde afuera no parece un restaurante. "¿Un restaurante?, pero si dan ganas de salir de aquí". Ambas personas tienen la misma impresión.   Delante hay tan sólo dos automóviles…nada más. ¡Qué extraño! Quizá sea demasiado temprano y por eso hay tan poca clientela. Él, con acierto dice: "Ni siquiera hemos reservado mesa". Ella, con altaneria: "Tú calla, que te aseguro yo que vamos a cenar". Ya están sentados a la mesa. El lugar se ve discreto, no muy grande, siete mesas, dos llenas, cuatro comensales. En el ambiente se nota algo difícil de definir, porque resulta algo raro, un tanto desolado. Ya está servido el primer plato. Y poco después llegan las expresiones de agrado: "Buenísimas estas verduras", decían tanto ella como él. Ella más, con más afán de protagonismo. Trataban, en especial Raquel, de dar buena imagen a la joven que los servía. Al llegar los segundos platos, ella dice a la camarera: "Felicite a quien haya cocinado..., buenísimo". La camarera sonríe con timidez, pero sonríe: "Muchas gracias", es su comedida respuesta. Ya acaban de cenar, queda el postre, y queda también otro imprescindible tópico por parte de él: "Cuando pueda nos trae la cuenta, gracias". Se les nota que han cenado bien, todo muy bien cocinado, es uno de esos lugares que quedan en la memoria para volver de nuevo a mojar pan en salsa, cuando se pueda, otro día, pero volver. "Qué bien se come aquí". Dice ella en voz baja, y añade "¿Por qué estará tan vacío?" Agapito complementa y cierra: "Con lo bien que se come". Ya ha llegado la cuenta, la traen sobre una bandeja, además, viene con unas infusiones parece que a modo de cortesía de la casa. Se desconoce si son tilas para los nervios, o digestivas..., también está la esencia de todo, la factura la cuenta. Él la mira, la mira otra vez…, y otra vez...Parece un buen momento para tomarse esa… ¡qué bueno que fuese una tila! Ella, con su habitual toque de altivez y brusquedad le quita el papel y lo mira, y suelta un exabrupto corto en voz baja y rostro de burla de desagrado... se muestra ofendida, a la camarera la mira con desprecio contenido, la desprecia con la mirada enemistada nada más comprobar el coste de la cena, por cierto, "buenísima", según habían manifestado; qué estupenda cena. Agapito recibe una exhortación, un imperativo "Pagas tú esta vez". Y él se mete la mano en el bolsillo superior y saca una tarjeta de débito, en ese momento se acerca la camarera, le acerca el datáfono, no acepta el pago…, él somatiza la contrariedad con una cara de... "Algo no funciona". La camarera presencia la tensa escena…se da cuenta de la cara de él, pero permanece ahí con discreción y con calibrada diligencia. Lo intenta de nuevo… Otra vez la tarjeta ha sido rechazada... La cara de Agapito es de: si lo se no vengo. Esa es su cara. Ahora, la camarera sí que se aparta, así lo entiende, se aparta y se acerca a la puerta de la cocina ahí se queda, no accede, pero mantiene la atención. No deja desatendida a la pareja que al parecer no puede pagar. Junto a la entrada de la cocina, sobre un mueble auxiliar, hay cubiertos, coge un cuchillo de hoja larga, de esos que... mejor no tener cerca, le pasa un trapo de cocina como si quisiera sacar lustre al peligroso utensilio, a ellos los mira como de reojo pero con discreción, parece que espera el mejor momento para hacer o hacerles algo, eso parece. "Deberás pagar tú, Raquel, y te adelanto que tengo malas sensaciones, me temo que no debimos venir aquí". La joven, ofendida, abre su bolso, mira en el interior, suelta un exabrupto..., y a continuación: "Creo que… me he dejado la tarjeta, el monedero en casa, espera que vuelvo a comprobarlo…. Pues sí, y también empiezo a sentirme rara". Ella se siente incómoda. Acaba de examinar otra vez el bolso y ningún rastro de dinero ni modo alguno de pago. En ese momento piensa en el sobre que dejó en su casa, en el recibidor, se enfada consigo misma. Y además, la camarera sujeta un cuchillo de dimensiones que asustan...Y no deja de mirar a la pareja. Y no deja de pasarle un trapo de sacarle brillo Él, con resignación, sin atreverse a mirar a su alrededor dice en voz baja: "Quisiera desaparecer de aquí, lo mejor hubiese sido quedarnos en tu casa, no estaríamos en esta tesitura". A la pareja se la ve más nerviosa, se contienen para que no se note...tal hacer parece difícil. La camarera no está allí ante aquella escena tan tensa…. Está al margen, pero sin desatenderlos, lo hace con discreción y naturalidad como buena profesional, a la espera de algo....pero ¿el qué? Ahora son ellos dos quienes han de dar el siguiente paso, la pareja se metió en ese lío y han de encontrar una solución; pues los minutos pasan. Y salir con algún pretexto marcharse, sin pagar, está descartado, aún les queda decencia. Agapito lleva unos cuantos segundos con cara de "¡Ahora qué, qué hacemos!" Con cara de: "Estamos atrapados". Con cara de "¿Cómo salimos de esto?". Parecen dos alumnos que intentan cuchichear en un examen crucial, que intentan pasarse respuestas sin ser detectados por parte del magisterio examinante. Miran de reojo a la camarera como si aquello les resolviera el problema. En un momento dado, Agapito, que es como más "ajedrecista" escudriña de nuevo la factura con cuidado aun nervioso, y advierte algo que lo pone más nervioso todavía, lo que ve es algo sencillamente serio, ninguna tontería. Hay nervios en la pareja, nervios y ahora ya vergüenza. Él asume la situación con temple de emergencia, y le dice a ella: "Raquel, mira aquí abajo lo que está escrito". "¡Trae para aquí!" y lee con dificultad porque la letra es muy pequeña, dice: "Si el menú no ha sido de su agrado, no se lo cobramos". Ella suelta un exabrupto, algo la supera, quizá sea la dureza de la realidad de la situación. Agapito, confuso, víctima de la crudeza del destino o de la realidad, la mira a ella, cuchichea con inseguridad: "Ya sabes lo que te toca". "No, no, a mi no me mires", ella intenta evadirse se defiende. "Todo esto ha sido idea tuya, y tú tienes que arreglarlo". "¿Por qué yo?" No hay respuesta, porque ella sabe el motivo. Raquel se muestra abrumada, como si su orgullo sufriera un mangoneo una sacudida ante aquello tan inesperado e insólito. Al acercarse de nuevo la camarera junto a la mesa, suelta con una mezcla de sensaciones, con una mano ante su cara, sin dejar de mover la punta del pie, con habla nerviosa, apurada, pretendiendo fingir, pasando del complejo se superioridad al complejo de inferioridad quedándose en esas dos caras de esa moneda, y dice: "El menú..., es que... bien pensado....Le ha faltado algo que...Bueno, que no nos ha gustado tanto... como... pensábamos….". Le faltó poco para complicarlo todo aún más, por hablar con tan nerviosa sobreactuación, una joven que presume de ser persona difícil, una mujer que siempre tiene respuesta para todo, que cree que puede jugar a su manera con sus reglas a las compras estériles y caprichosas sin importarle las economías ajenas, y ahora le ocurre esto en un extraño restaurante del que nunca había oído hablar. Su rostro sigue abrumado, al ver que la camarera muestra comprensión…y normalidad. "Sin problema señorita, otra vez será", ha sido la inesperada respuesta de la joven. Ya han conseguido salir de allí…¡Por fin! Raquel, al subir al auto se siente segura pero también sacudida por dentro, con lo cual empieza a llorar, empieza a dudar de sí misma, a soltar la tensión acumulada. Su mirada está como absorta, como si el protagonismo fuese lo acaecido en una peculiar casa de comidas, y no ella. Llora…, y descarga lo acumulado….no sólo en la última media hora tras escuchar aquellas palabras de la camarera….también por los últimos tiempos de sus manejos con el dinero. Él aguarda unos minutos que parecen semanales, el pie derecho en el interior del auto y mira al vacío nocturno, como si quisiera acceder al coche por fases. Trata o intenta suavizar la situación pues dice: "No salgo más durante una larga temporada". Ella, al cabo de unos minutos, expresa con lágrimas y fatiga y una mezcla de tristeza y confusión: "Ni yo" dice apagadamente. Al salir del bosque tuvieron la necesidad de parar, de no seguir conduciendo…se habían alejado del establecimiento, estaban afectados por un comunicado a pie de factura en un lugar en el que habían disfrutado gustativamente. El funcionamiento del motor cesa. Hay necesidad de ello, de ese tipo de descanso o receso que se llama silencio. El silencio entre ambas personas es significativo. Han salido del auto, ella de pie con los brazos cruzados en el pecho, mira al horizonte pequeños puntos de luz amarillenta. Él, da pasos cortos, junto al vehículo, sin mirarla a ella, en actitud reflexiva….Raquel está apoyada en la carrocería del auto, de espaldas, como si quisiera estar sola, Cada cual a lo suyo. El regreso a casa se hizo en absoluto silencio. A velocidad de crucero.  Agapito conducía sin demasiado ánimo, con poco entusiasmo. Ni siquiera la radio estaba activada. Y aquella noche había partido.