Qué fastidio, el portátil en la pseudoclínica, pues tiene un virus.
El tarro de la tinta está vacío, no queda ni para media oración.
Sólo un buen lápiz, que además es de los que usan quienes se dedican a la carpintería la ebanistería.
Y en breve, las bajas temperaturas del solitario hogar irrumpirán en la mente y en lo corporal.
Y mañana…
Más.
¿Más de lo mismo?