Autor: Peregrinaflor

Fuente: https://www.polseguera.com/writers/writing-212_suenos-de-nina-de-5-a-14-anos.html


Sueños de niña (de 5 a 14 años)


 

 
Dedicado a mis gatos:
Pedro, Chanty, Gitana, Chicha, Chito, Pochie, Minnie, Minio,
Simón, Antón, Xoán, Perlito, Nanita y a los gatitos de la calle.
 
Sue??os de ni??a
Peregrinaflor
Año 2006
 
 
Por el bienestar animal


A modo de presentación:

Dedico esta obra a mi sueño de niña, tener un caballo blanco al que llamaría Palomo.

Como si cualquier cosa fuera… Como si cualquier cosa prevaleciera… Como quien canta al viento… “Estaba claro que quería ser feliz… Sí. Sabía que se habían equivocado los que creían que los niños no deben tener sueños grandes. Mis amigos de la infancia nunca me habían dejado crecer y yo luché por eso, por el progreso, por lo que quería desde el fondo de mi alma”.

Y lo que quería era a Palomo.

Palomo blanco de veras, Palomo te quiero mucho, Palomo enamoraba a las yeguas más severas. Palomo y no ríos de sangre, Palomo vale más que nadie. Palomo paloma blanca, Palomo que no te mueras.

“Yo vivo los sueños como si fuesen realidades. Palomo que tú lo seas. Palomo es paloma blanca, Paloma sensacional. Paloma por palomita, nunca me hiciste llorar”.

Palomo ven a mi lado, Palomo relincha fuerte. Palomo quiere cuidados de cielo y tierra. Palomo por palomita, Palomo por palomares, Palomo hay que calmita al tocarte con la manita. Palomo de los de siempre, Palomo de los de en frente, Palomo el bueno de todos, Palomo de las aceras.

Palomo era de fuego, Palomo era de agua, Palomo dominaba el aire, Palomo cubría tierras, Palomo no tenía igual. Palomo por palomito, no palomita chiquita, Palomo no era idiota. No creía en los que no le querían.


Mi caballo blanco perlado...

“Redacción estrella para mí”.


…Joya de gran valor sentimental.


Palomo era elegante,
Palomo era genial,
Palomo era una estrella,
del circo más celestial.
Palomo volaba alto,
Palomo y yo, yo y él, sin más.

Palomo, llegó Palomo
y lo hizo para alegrar
a todos los que les gusta
ver angelitos cantar.

Me gustan los caballos blancos
y los perros llamados Duque.
Soñaba con ellos de pequeña.

Mi caballo se llamaba Palomo Pedro.
Era el más majestuoso
y bonito de todos.

Era el más elegante,
más humano y mejor educado,
estaba orgullosa.

Soñaba que iba con él
por los campos llenos
de amapolas doradas
y silvestres
y que nos hacíamos
una bonita compañía
como las estrellas a la luna.
Una compañía como pocas
se encuentran en el día a día.

Hay quienes lo quieren todo
sin esfuerzo.
Les saldrá caro.

Yo quería mucho a Palomo.
Le soñaba despierta.
Como una idiota
que cree en cuentos.
Como alguien que desea algo
que no tiene y no lo comprende.

Algo que por el dinero que cuesta
no podría llegar a tener jamás
ni en las luces ni en las sombras
grises melocotón.

Palomo era una utopía.
Pensaba
que el libertador Simón Bolívar
también tenía un caballo blanco,
como mi Palomo.

También tenía uno el Apóstol Santiago.
También tenía uno yo, servidora.

Palomo era de fuego rojo,
Palomo era de agua del mar,
Palomo dominaba el aire limpio,
Palomo cubría tierras de arena,
Palomo no tenía igual
en el planeta.

Palomo tenía los ojos negro azabache.
Palomo tenía una melena
que casi le llegaba al suelo.
Palomo trotaba con la mayor de las elegancias.
Palomo era como una paloma blanca que no volaba
pero era como si lo hiciese.

Palomo sabía sonreír.
Palomo sabía hacer reír.
Palomo sabía historias de caminos.
Palomo sabía mucho y me hacía feliz.

Era sabio.
Era noble.
Era santo.
Le gustaban las yeguas negras
como la sombra.
Le gustaban mulatas.
Nunca había sido racista
ni un Hitleriano.

No era nazi.
No le gustaba la política.
Si estudiara haría Geografía e Historia.
Si hablase lo haría como un filósofo.
Su relinchar hacía volar
a los pajaritos de alegría.
Su andar enamoraba hasta
a las vacas más serias.
Su mirada fue siempre firme
en los santos.
Supo ser amable
y misericordioso.
Supo ser cordial.
Supo hacer feliz a su amiga
que soy yo.
Supo marcar ruta en las montañas.
Supo marcar rumbo
. Supo mucho de mí. Lo supo todo.

Llegué a quererle sin conocer límites.
Y él a mí también.
Su alma y la mía fueron una.
Duque era mi perrito
que me acompaña con mi Palomito
por las playas.

Duque era mi Príncipe de cuento
que también es bonito.
Le hubiera preferido
antes que a mister Galicia,
Le hubiera deseado a mi lado
como un amigo antes que a Jerry Lewis.
Le hubiese cuidado
como a mis verdaderas ilusiones.
Le hubiese mimado como a gato Minio.
Alma de mi alma.

Eso que es difícil fundirse
con la mía que es muy rara.
Alma de mi ser que por momentos
que me hace olvidar la tristeza
en la que estoy.
Alma que fue mi ilusión y mi refugio.
Alma de animal llamado caballo,
animal de cuatro patas que clama al cielo,
que hace brillar las estrellas,
que canta al sol,
que levanta buenos sentimientos,
que hace que le quieran hasta el infinito.

Caballo, noble animal.
Blanco como lavado con Ariel
todos los días.
Blanco como la luz del sol.
Blanco como la pureza de las vírgenes.
Blanco que te quiero blanco.
Blanco que no sea por ti
que se pierda todo,
prefiero perderlo todo menos a ti.

Me lo envidiaban, lo sé.
Por eso quería irme lejos de aquí.

Mi caballo blanco
me llevaba de viaje
cuando era pequeña.
Era un viaje especial.
Duque nos acompañaba.
Era un perro al que le gustaba
el trotar de Palomo blanco
y es que lo hacía
como una blanca paloma.

Muchos caballos blancos hay,
pero mi Palomo era especial.
Palomo, Palomo, Palomo.
De clase fina.
Sin haberlo aprendido.
Sin haber tenido yo dinero para educarle.
Palomo y yo nos entendíamos bien.

Jamás llegaría a tener un novio
que me entendiese como él.
No le necesitaba tampoco.
Hoy escribo para el gran Palomo.
Hoy le dedico mis horas.
Tristes, pero verdaderas.

Aquí estoy ahora.
Palomo llegó a ser petunia blanca.
Palomo llegó a ser espíritu puro
pero no fue santo.
Espíritu de esos que no abundan
y que muchos piensan
que no puede pertenecer
a un caballo...
aunque sea blanco
como las mismas perlas blancas del mar.

Que Dios me perdone lo mal hecho,
que fue mucho.

Palomo surcaba valles,
Palomo surcaba esquinas,
Palomo bailaba salsa con negras
en todas las vías.

Recomiendo a todos soñar
con un Palomo algún día.
No todo es lo que se ve.
Sólo Palomo lo es.


Palomo, llegó Palomo; caballo blanco.
“Continuando con las maravillas de este noble animal”.


Como si cualquier cosa fuera,
linajes del alma
que hay que aprender,
no todo es lo que se ve...
Nunca supe lo que fuera de él.
Se fue y me extrañó que no volviese.
Fue lo que más quise de este mundo.
Con locura,
de aquella que no se oculta
porque no se puede mentir
ni al enemigo.
Por eso lo cuento aquí,
porque es una realidad.

Palomo era elegante, Palomo era genial,
Palomo era una estrella, del circo más celestial.
Palomo volaba alto, Palomo y yo, yo y él, sin más.
Palomo, llegó Palomo,
y lo hizo para alegrar
a todos los que les gusta
ver angelitos cantar.

Me gustan los caballos blancos
y los perros llamados Duque.
Soñaba con ellos de pequeña.
Mi caballo se llamaba Palomo.
Era el más majestuoso
y bonito de todos.

Era el más elegante,
el más humano y el mejor educado.

Soñaba que íbamos
paseando por los campos
y que nos hacíamos
una bonita compañía.
Una compañía como pocas.
Hay quienes lo quieren todo fácil.
Les saldrá caro.
Yo quería mucho a Palomo.
Le soñaba despierta.
Como sueña una tonta antes de quedar dormida.
Como alguien que desea algo que no tiene.
Algo que por el dinero
no podrá llegar a tener jamás.
Palomo era una utopía.
Pensaba que Simón Bolívar
también tenía un caballo blanco,
como Palomo.
También tenía uno el Apóstol Santiago.
También tenía uno yo.
Palomo tenía los ojos negros azabache.
Palomo tenía una melena
que casi le llegaba al suelo.

Palomo trotaba
con la mayor de las elegancias.
Palomo era como una paloma blanca
que no volaba pero era como si lo hiciese.

Palomo sabía sonreír.
Palomo sabía hacer reír.
Palomo sabía historias de caminos.
Palomo sabía mucho.
Era sabio.
Era noble.
Era santo.

Le gustaban las yeguas negras
como la sombra.
Le gustaban mulatotas.
Nunca había sido racista ni un Hittler.
No era nazi.
No le gustaba la política.
Si estudiara haría Geografía e Historia.
Si hablase lo haría como un filósofo.
Su relinchar hacía volar los pajaritos de felicidad.
Su andar enamoraba hasta a las vacas.
Su mirada fue siempre firme en Dios.
Supo ser bueno y amable.
Supo ser cordial.
Supo hacer feliz a su dueña.
Supo marcar huella.
Supo marcar ruta.
Supo marcar buen rumbo.

Supo mucho de mí.
Lo supo todo.
Llegué a quererle sin límites.
Y él a mi también.
Su alma fue la mía.

Le hubiera preferido
antes que a Robert Redford.
Le hubiera deseado a mi lado
como un amigo antes que a Brad Pitt.
Le hubiese cuidado como a Marlon Brando.
Le hubiese mimado como a J. Travolta.
Alma de mi alma.
Eso que es difícil fundirse con la mía.
Alma de mí por momentos
que me hace olvidar la penuria que soy.

Alma que fui mi ilusión de refugio.
Alma de caballo,
animal de cuatro patas
que clama al viento,
que desluce al sol,
que canta al cielo,
que levanta sentimientos nobles,
que hace que le quieran hasta el infinito.

Caballo, noble animal.
Blanco como lavado con Ariel todos los días.
Blanco como la luz del sol.
Blanco como la pureza de las vírgenes.
Blanco que te quiero blanco.
Blanco que no sea por ti que se pierda todo,
prefiero perderlo todo menos a ti.
Me lo envidiaban, lo sé.

Duque era mi perrito
que me acompañaba con Palomito
Duque era mi Príncipe de cuento
que también es bonito,
yo le llamaba Duquito.
Quería irme lejos de aquí.
Mi caballo blanco me llevaba
de viaje cuando era pequeña.
Era un viaje especial.
Duque nos acompañaba.
Era un perro de pelo corto,
mediano, marrón,
un poco callejero,
pero que no podía prescindir
de acompañarnos en nuestros viajes.
Era un perro de ojos marrones.
Era un perro al que le gustaba el trotar
de Palomo blanco.

Muchos caballos blancos hay,
pero mi Palomo era especial.

Palomo,
Palomo,
Palomo.
De clase y linaje. “Sin haberlo aprendido”.
“Sin haber tenido yo dinero para enseñarle”.
Palomo y yo nos entendíamos muy bien.
Jamás llegaría a tener un marido
que me entendiese como él.
No le necesitaba tampoco.
Ni nunca le quise.
Hoy escribo para Palomo.
Hoy le dedico mis días.
Tristes, pero verdaderos.
Aquí estoy ahora.
Palomo llegó a ser paloma blanca.
Palomo llegó a ser espíritu puro
más no santo pues yo sigo igual.
De esos que no hay
y que muchos piensan
que no puede ser de un caballo.
Que Dios me perdone lo malo,
por mí hecho, que fue mucho.
Palomo surcaba valles,
Palomo surcaba esquinas,
Palomo bailaba zambas
con negras en todas las vías.
Recomiendo a todos soñar
con un Palomo algún día.
Palomo quería a Duque,
Palomo quería a mí.
Palomo de terciopelo,
de claro cielo te he visto.
Hoy supe que siempre le deseé,
pero costaba 300.000 pesetas mensuales
cuidarlo.
Dicen que es pecado soñar
pero yo siempre lo hice.
Dicen que Palomito era irreal,
pero yo le quise como si lo tuviese.
Dicen que soñar es de idiotas
que se miran los bolsillos.
Dicen que la vida del que sueña
no es la vida real del que concretiza.
Yo nunca dejaré de soñar.
Palomo nunca te olvides de mí,
aunque sólo un sueño seas.

Palomo surcaba playas,
Palomo corría arenas,
Palomo trotaba mares,
Palomo canta al desierto,
Palomo valía la pena.

Palomo reía alto,
Palomo estaba a tu lado,
Palomo no se quejaba
de desgracias que han pasado.
Palomo hacía desaires,
a la gente de los pueblos,
cuando mirando decían,
¡ahí va el chulo de la aldea¡
Palomo miraba al cielo,
era testigo la Aurora,
Palomo se ponía en dos patas
y retaba a cualquiera.
Palomo y no Linares,
Palomo caballo fiero,
Palomo regalo del cielo.
Hoy no sueño con Palomo,
pero recuerdo que de pequeña,
Palomo era paloma y yo al caminar su dueña.

 

Enviado el 1 de septiembre del 2010