Autor: Volskiervers Fuente: http://www.polseguera.com/writers/writing-892_un-relato-de-ciencia-ficcion.html Un relato de ciencia ficción Eva ha entrado en casa, se la ve alegre y: "Padre, para este fin de semana, la profesora de lengua nos ha pedido que escribamos un relato de ciencia ficción".   Vaya uno este padre, que no sabe hacer de padre, hombre tosco qué padre tan bruto abrupto, hombre falto de delicadeza paternal; poco dado a la cautela...,un papá prescrito a lo aparatoso, asociado al club de las actitudes constreñidas, como si él mismo fuese un incendio y: "Qué zarandaja hija", sentencia papal, ha sonado a sentencia lo de este padre tan poco padre.   A Eva, de algún modo, la acaban de fulminar, en particular le acaban de cortar el entusiasmo; se recuperará de este azote de la realidad; sí, pero como se suele decir, el mal ya está hecho, la patada ya ha sido propinada.   Ella, como es sabido, por ser sensible, será de las que más recibirá en el vivir diario, pero también la que tendrá que aprender a recibir sin sucumbir a ello; harto complicado este ejercicio en estas batallas luchas diarias, pues tendrá que adquirir más conocimiento en cuanto al comportamiento humano, interpretar..., entre líneas leer al prójimo; y para más dificultad, hacerlo con la mayor objetividad posible.   No tendría que haber dicho nada esta hija de tosco.   Podría haber guardado silencio mutis, sí, cierto, pero resulta que de las picaduras de avispa no siempre se está libre.   Ella debió simplemente limitarse a redactar un relato de ciencia ficción, pero a escondidas, que puede resultar muy saludable, pero también puede generar dudas, sentirse rara, e incluso culpable.   No sólo hay que llevar como una doble vida en determinado marco, sino que parece que hay que saber hacerlo, para que no le afecte, para que no se llegue a creer esa especie de doble juego o doblez; pero proceder así no es fácil, nada fácil; hay seres humanos que sí pueden, pero ella no es así según la bendita (des)carga de la honestidad.   Lo escribes, lo presentas ante la profe, y a este padre ni una palabra de ello; antaño se decía que con la boca abierta entran insectos mosca...o algo parecido tal se decía.   Es complicado, pero entras por esa puerta casera y lo sueltas, te dejas llevar por ese entusiasmo tan natural y recibes lo que quizá no esperabas, y da igual que el jarrón jerga, contenga agua fría o acabada de hervir.   A veces cuesta mucho tratar a un padre, cuesta mucho determinar que se le puede confiar o decir, y de que hay que mantenerlo al margen, y la persona salir bien parada.   Ella empezaba a toparse con el muro papal, y según como se quiera ver gracias a un relato de ficción con ciencia, y también a una profesora de lengua que propicia sin pretenderlo que nos asomemos a la trampa que nos aguarda nada más entrar en casa...¿dulce hogar las veinticuatro horas del día?   Ha recibido por respuesta una especie de negativa camuflada.   Tras lo cual, Eva ha perdido el entusiasmo, se le ha enfriado.   Se comunica con su padre sin saber lo podría ocurrir y llega lo que llega.   Siempre le ha tenido miedo a su padre, buscaba una respuesta afortunada para sí misma; pero había una pared de cemento armado "Qué zarandaja hija", es la composición química de esa pared; grueso muro, pared quizá inexpugnable, tal vez.   Hay padres que para zarandajas y tonteras y superficialidades sí que te toman en serio, como que te siguen el juego, pero si se trata de asuntos relevantes y serios y profundos parece que ahí lo que hay es un..."Qué zarandaja hija".   Ha llegado ha entrado, la mamá de Eva, la otra Eva, señora de mediana edad: "¿Dónde está nuestra hija la niña?"   Aquel amurallado hombre, sin dejar de mirar la carrera de automóviles de dos ruedas dice: "¡No lo se, ha salido hace poco marchó!", dice este señor con trazas de ironía.   La madura la cuarentona voz femenina la llama por la casa, y no aparece la joven.   Ya lo dijo aquél: "la niña marchó".   Este hombre podría haber confesado que recibió a su hija con una bofetada verbal de complicada composición química, pero ha callado, incapaz e incapacitado para reconocer tal derrumbe.   Qué fácil suele ser hacer las cosas mal esté uno empoderado o no.   Tantos seres humanos en tan diversas ocupaciones y profesiones y ámbitos de altas, bajas o medianas esferas que creen en la exhortación que dice reza "Pudiendo hacer las cosas mal, ¿para qué hacerlas bien?" Y este pater es una de esas personas que ni se miran el ombligo ni pueden hacerlo para poder verificar desde donde actúan o dejan de actuar.   De nuevo la voz mamá: "Voy a llamar a mi hermana a ver si..."   A los ocho minutos, que sean diez, se presenta Gregorio, de Eva su primo.   Tía y sobrino hablan.   El joven dice: "Saldré, daré una vuelta a ver si la veo".   Gregorio, en esa búsqueda, tras preguntar a unas y otros llega a las afueras de la población.   ¡Y la han visto por un sendero ha sido vista!   Y él va por ese sendero, y se encuentra con una paseante "¿Ha visto usted a una joven alta como yo, y delgada?"   "¿Con una melena color castaño?"   "Sí, sí"   La persona preguntada se gira y señala "por allí", lo hace con gestualidad para no sembrar duda.   Gregorio se acerca al lugar señalado por aquella.   Se acerca a un árbol grueso.   Su rostro, un desconcierto y un extrañamiento tal como ver... un reportaje de sombras.   Se aproxima aún más a ese gran árbol y lo señala y dice de nuevo a la preguntada: "¿Por aquí?"   "Sí, sí"   "¿Está usted segura?"   La paseante se expresa con énfasis moderado; "¡Sí, sí, por ahí!"   El joven, sin entender, mira hacia arriba, mira el tronco hacia arriba, y se extraña que le hayan dicho que...¡¿La prima Eva ha subido a un árbol?!   Se hace preguntas, como si pensara en voz alta: "¡Qué extraño esto!"   La paseante ya no está, marchó... desapareció.   Junto al árbol en el sendero, un caballero, y le vuelve a preguntar por su prima..."¿Ha visto usted a...?"   Y otra vez la confirmación, su prima se ha encaramado; ahora ya ninguna duda.   Vuelve a mirar hacia lo alto de esa gruesa planta de tantas ramas, alta planta, de insectos y pájaros su casa, gran planta de grandes raíces.   Y Gregorio incrédulo empieza a subir, las ramas gruesas y fuertes facilitan el ascenso, como si escalones...y el tiempo avanza, él sigue, han pasado más de sesenta minutos y encuentra a un señor mayor, con un bigote cuidado. Sentado en una rama ¿Saque de banda? El hombre escucha un transistor, escucha un partido, ¿Gol?, está absorto, no advierte la presencia ascendente del joven ¿Fuera de juego? ¿Otro gol?   A Gregorio le da vergüenza preguntar por su prima, no se atreve, y sigue hacia arriba y mientras sube mira en horizontal..., pero más arriba parece que hay gente que pasa el rato entretenida...ahí arriba pues sube la mirada.   Han pasado ocho horas, la mamá de Eva está preocupada, ni su hija ni su sobrino aparecen...   "¿Se habrán volatilizado?" piensa en voz alta habla en voz baja.   El papá está ante una retransmisión deportiva televisada...como anulado, abducido.   No se ha dado cuenta, pero mamá Eva ha salido a la calle a buscar a los dos jóvenes....   Ya han pasado dos días, el papá está en la puerta de su casa, ante él se encuentran periodistas, hombres y mujeres del gremio informativo las noticias, sección última hora:   "¿Cómo desapareció su familia?"   "¿Sabe algo?"   "¿Qué le ha dicho la policía?", interviene otro profesional y otros tantos pendientes que lo rodean como improvisada rueda de prensa a pie de calle.   Y sin pistas de ningún tipo, aquel hombre, con escudo de micrófonos, respondía como podía, envuelto por preguntas y más preguntas procedentes de seres humanos provistos de micrófono y de máximos de audiencia e incluso a veces, de preguntas ridículas, o a la desesperada, preguntas de dudosa racionalidad.   Y le preguntaban, e impacientes esperaban respuestas, lo que fuese, de un ciudadano convertido en foco mediático; un hombre padre que se compone de..."Qué zarandaja hija".