Mercedes, toalla en mano acaba de salir del baño, con ese palmo y medio de cabello mojado...
Se acomoda en la mesa, sobre la mesa el portátil.
En la pantalla, en la red, un texto que ha encontrado...
Lo acaba de leer.
Es una narración que cuenta una historia asombrosamente similar a una circunstancia en su propia vida familiar, inclusive con la presencia de un padre sin miembros.
En ese texto advierte algún que otro desliz o fallo ortográfico de importancia, aunque... la que se quiera dar.
Curiosea por la red, toda una inabarcable realidad, en una simple pantalla...
Han transcurrido ya unos minutos, se levanta, mira por la ventana, se lleva las manos a las lumbares, las retira se gira.
Regresa a la todopoderosa pantalla y la apaga, la realidad sigue encendida pero esa otra se apaga.
Piensa en su padre, el entrenador al que le han amputado los miembros.
Sus ojos ahora están llorosos...se lleva las manos a la cara.
Suena el portero electrónico, alguien llama, Mercedes va a recibir visita.
Se acerca al recibidor, toma el telefonillo, formula la consabida pregunta, acciona el botón y abre.
Es José Daniel, su padre que sube. En el rostro de ella aparece una alegría fatigada, pero también una alegría auxiliar.
El hombre cercenado ya ha llegado.
Con mucho cuidado avanza por el corredor, Crepúsculo el gato, cambia de postura, mira atento al recién arribado, permanece quieto.
Mercedes se ha colocado detrás de su padre, como para acompañar.
Por fin este pater se sienta en la butaca, suelta un suspiro.
Se retoca los brazos mecánicos, artificiales. Se mira las piernas metálicas cubiertas por el pantalón.
Le dice a ella: “Con esta tecnología hay que tener mucha paciencia.”
“Claro papá, pero mejor así”.
Crepúsculo accede al salón, pasa por delante de aquellas dos personas, una hija con su padre.
Este felino, este caminar, qué singular, como de costumbre siempre.