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Principal |
A mis hermanos Jorge y Lorena - El Monte Luz, qué nombre tan ridículo. - Así es como se llama a esta gran montaña desolada en esas calmadas tierras de Montecalma. - ¿Pero tú en realidad crees que eso sucederá? - Mil novecientos cuarenta y seis quedará en la historia, y hablo en serio, Paolo. Nada puede fallar. Sabes, presiento que todavía estamos a tiempo, la fe todavía existe, y creo que siempre estará presente. La humanidad tendrá que dar un alto a sus avances científicos y sentirá la necesidad de preocuparse por su bienestar espiritual – Paolo sonrió después de aquellas palabras pronunciadas por su maestro. Llegaron a la cima; Paolo todavía incrédulo, ufanándose del énfasis retórico con que Marco expresaba sus ideas; le divertía tanto poner aquel rostro crédulo y escuchar atento para felicidad de quien hacía sus veces de “maestro”. Sabía que perdía el tiempo. Arrojaron las mochilas al suelo y los alimentos que se encontraban en su interior se deslizaban por los suelos. Paolo cogió una manzana, le quitó la tierra que tenía encima y le dio una mordida. Pero todo sucedió tan rápido, Marco se paró en medio de un círculo de árboles y plantas y alzó los brazos dirigiendo la mirada al cielo. Una luz de colores tan hermosos empezaban a brotar del cielo; ambos observaban el fenómeno con tanto alborozo, como cuando un botón se convierte en rosa; todo era tan hermoso, tanta belleza de colores no se puede describir fácilmente; eran sentimientos, era música... Ambos juntaron los párpados entregando toda su alma, mente y cuerpo. Instantes después, aquella luz se desvanecía y las lágrimas empezaban a caer sin razón. Paolo empezaba a dudar de lo que veía, sin embargo Marco creía fervientemente en aquella luz y se empezaba a elevar y a elevar. Paolo gritaba, llamándolo, pero éste no respondía. Marco dirigió su vista a su amigo que se encontraba a sus pies, llorando; de pronto lo último que veía Paolo era una gota de lágrima que caía como roció a sus manos. Su amigo se había ido. El tiempo transcurrió, sin embargo las hojas del libro aún no habían acabado. Paolo ya tenía veintiocho años y había concluido sus estudios. De vez en cuando lanzaba una mirada triste hacia aquella montaña, por la ventana de su casa. Paolo observa la montaña como todos los domingos en aquellas horas de la noche; estaba a punto de quedarse dormido y a punto de despegar la mirada de aquel triste recuerdo que lo envolvía. Perder un amigo como Marco fue muy doloroso. Un sentimiento de espada clavada en el pecho despertó a Paolo; alzando la vista vio que el cielo se empezaba a abrir sobre la cima del Monte Luz y colores empezaban a rodear la montaña. El impacto fue muy duro para Paolo; ¡Marco! ¡Marco! Repetía, mientras salía corriendo hacia aquella dirección, perdiendo el equilibrio en los matorrales del jardín; no pudo resistir y unos cuantos pasos más se desplomó en medio de la carretera, perdiendo el conocimiento. En la mañana se despertó en medio de plantas; sobre su cabeza estaba tendido un manto tendido que hacía las veces de techo. Todo era tan agradable. Un anciano de barbas y bigotes blancos como hechos de arena del desierto se acercaba con un jarrón en la mano... - ¿Quién es usted? – la pregunta que formuló Paolo dejó entrever cierto temor. - No te asustes, muchacho, llámame Don Rafo. Te encontré anoche en medio de la carretera, desmayado. Creí que te había atropellado un auto, por eso es que te traje hasta aquí. - Pero... las luces de colores en el cielo; ¿qué pasó con aquellas luces? El anciano quedó estupefacto, como si después de muchos años volviera a escuchar hablar de aquella luz... - ¡Fogos! – gritó el anciano. - ¿Fogos? ¿Qué significa esa palabra? - Aquella misión, Dios, todo es tan ambiguo, no he utilizado mis poderes síquicos desde hace mucho... - Anciano, no sé nada de usted, apenas lo conozco, ¿cómo es que sabe de la luz? - Calma, hombre, aparta el temor de tu corazón; yo sé quién eres, te llamas Paolo Paz y apuesto a que conociste a Marco Arias. - ¿Cómo lo sabe? ¿Tiene algo que ver con sus poderes síquicos? - Falso, hijo, mis poderes no intervinieron, no es ningún augurio. Está claro que el profesor Arias se quiere comunicar contigo; la luz es la señal, no trates de disuadirla. La misión Fogos renace; ustedes son la prueba. Paolo Paz, debes comprender que tu amigo Marco no está muerto, convéncete de ello y no te deprimas más. Te contaré algo que te dejará perplejo, te hablaré de Fogos, aquella misión que se llevó a cabo en mil novecientos veinticinco, que tenía por objeto salvar a la humanidad. Seres de otras galaxias llegaron a nuestro planeta enterados de la desgracia de la primera guerra mundial entre mil novecientos catorce y mil novecientos dieciocho, instalando su base bajo las profundidades del Atlántico, más exactamente, frente a la costa sudeste de Estados Unidos, extendiéndose en forma triangular desde las Bermudas, por el norte, hasta el sur de Florida, yendo hasta las Bahamas. - El famoso Triángulo de las Bermudas. - Exacto; ya cerca de la segunda guerra mundial estos dieron señales un poco más claras y precisas de que nuestra humanidad no iba por buen camino, y entre los años mil novecientos cuarenta y mil novecientos cuarenta y cinco, hicieron desaparecer grandes cantidades de aviones y embarcaciones que pasaron por aquella zona. - ¿Sería tal vez una forma de evitar la guerra? Pero.. ¿Qué fue exactamente lo que hicieron entre mil novecientos catorce y mil novecientos dieciocho? – preguntó Paolo. - Entre las fechas que mencionas pusieron en práctica la misión Fogos. Esta misión consistía en el cambio extraterrestre en diversos puntos de nuestro planeta. - ¿A qué se refiere con eso de “cambio extraterrestre”? - Se empezaba primero a medir el aura de cada familia; luego, poco a poco, las criaturas que allí nacían eran tomadas por los seres extraterrestres y llevadas a su planeta; a cambio se colocaba en la familia a un ser con apariencia humana, pero que en definitiva pertenecía a los extraterrestres. Estos seres tenían una misión para salvar a la humanidad de aquellas desgracias; muchos lograron algo, pero muy escaso, el odio entre la humanidad era tan fuerte que era prácticamente inútil querer salvar a una humanidad tan pecadora, por lo que decidieron abortar la misión y en un futuro, que creo es el actual, aparecer en el planeta solamente para medir el aura de todas las familias del mundo y así seleccionar a las que pueden ser salvadas. - Pero el mundo se salvó de aquellas guerras; aún estamos aquí. - Se cuenta entre los que nos dedicamos a estos menesteres que fue uno de esos seres disfrazado de humano quien propuso crear la Organización de las Naciones Unidas para evitar que este tipo de acontecimientos vuelva a suscitarse; pero como ves sólo ha pasado a ser un instrumento más de la nación más poderosa del mundo, por lo que el peligro es inminente. - Anciano, dígame entonces qué cree que haya sido aquella luz que vi aquella vez cuando perdí a mi amigo. - Aquella luz era enviada por aquellos seres una vez abortada la segunda misión que recogió del planeta a todos los enviados de aquel mundo con apariencia humana; debes entender que el profesor Marco Arias era uno de ellos. - Cielos, no puedo creerlo. Es decir que las misiones en realidad fueron dos; una de ellas la de colocar seres de su mundo y llevarse a los nuestros; y la otra el de recoger a los seres que aún quedaban en nuestro planeta. - Paolo, tú fuiste testigo de la segunda misión. - Pero... Marco Arias, mi maestro, mi mejor amigo, un extraterrestre; no puedo creer lo que me dices. - Nunca miento, Paolo; tú también pudiste haber sido cambiado; pero a ti te sucedió algo muy parecido a lo que ocurrió conmigo. La primera misión fue abortada en un momento en el que nadie jamás hubiera podido imaginar; mientras dormías plácidamente arropado en tu cuna, el extraterrestre se acercó a ti y empezó a hacer el acto del Rakán. - ¿Y eso en qué consiste? - El acto del Rakán no es otra cosa que un rezo, pero un rezo especial. Aquél ser se acercó hacia ti con otra criatura en sus brazos que haría tus veces en tu familia; él te tocó la frente y empezó a rezar, en ese preciso instante se dio por abortada la misión, por lo que el rezo no pudo concluir y no pudieron llevarte. El acto del Rakán era imprescindible para que un terrestre pudiera ingresar a aquel planeta; por intermedio de aquella oración se suprimía lo que ellos llaman el Chi Peké, que es el Pecado Original; no pueden resistir ni a una partícula de mácula espiritual. Todos los terrestres que eran transportados necesitaban una preparación especial, pero para los recién nacidos, que no conocían aún su mundo, sólo bastaba el acto del Rakán y así estar libre para un ingreso. - Dices que eso me sucedió y que también te sucedió a ti. ¿Y que ocasionó aquél rezo que no pudo concluir? - En aquel mundo no existen secretos, todos tienen poderes síquicos. Cuando empezó a declamar aquella oración aquél ser que te visitó, su objetivo no era otro que el de hacer nacer en ti esos poderes sobrenaturales imprescindibles para esa vida. Pero no pudo concluir, por lo que sólo prolongó un estrecho margen para que tuvieras esa capacidad y la controlases. En realidad toda la humanidad tiene ese poder, porque todos son hijos de un mismo creador, pero la humanidad se ha dedicado más a los avances científicos y han olvidado desarrollar aquél sentido maravilloso. Tontamente han tomado el camino más largo del progreso, nunca igualaran a estos seres. --------------------------- - Por fin lo entiendo todo, Don Rafo. Sólo una pregunta más... ¿cómo puedo comunicarme con Marco? - Monte Luz será el lugar en donde nos encontraremos para poder lograr aquella comunicación. Te estaré esperando cuando la luna llena de la sensación que todos duermen. Paolo comprendió lo que Don Rafo le quería transmitir, y también iba a cumplir lo que le decía. Llegó aquel día en que un haz de luz de luna proyectó por su ventana hacia su cama y tuvo la sensación que la humanidad toda dormía. Paolo Paz salió con dirección al Monte Luz, donde un Don Rafo pasivo y santo conversaba con una orquídea. El anciano juntó los párpados y entregó su alma, mente y cuerpo. Paolo tenía temor. Empezaba a brotar del cielo una luz de colores y ambos podían verla, como cuando un botón se convierte en rosa, como cuando un prisionero cumple su condena y ve después de mucho la luz del sol; todo era tan hermoso, era magia, eran musas... Pero lo que ahora nacía en Paolo era cierta incertidumbre, empezaba a dudar de aquella luz, y lágrimas inexplicables caían sobre su mejilla. El anciano se comenzaba a elevar y Paolo lo veía; escuchaba al anciano gritar ¡Paolo Paz, todo está en tu mente y en tu alma, recuerda que tu también fuiste sometido al acto del Rakán! ¡No debe sucederte lo que mismo que ocurrió cuando estabas aquí con Marco, piensa en estrellas, en lo hermoso del universo, piensa en lo que crees, olvida los problemas del mundo y llega a la luz!... Paolo lo hizo. Un color celestial adornaba una habitación muy extraña; aquella habitación era semicircular. Se encontraba frente a Marco que lo recibió con la sonrisa más pura del mundo, como la de un niño... - Paolo, cómo has estado durante todo este tiempo. - Maestro... - Hombre, me decepcionaste tanto aquella vez en que no pudiste elevarte conmigo hacia la luz – El profesor estudiaba todos los cambios corporales y espirituales de su amigo, al que no lo veía desde hacía mucho tiempo. Un silencio profundo se apoderó del salón, sólo las voces de ambos se escuchaba resonar... - Maestro – comentaba Paolo – no estaba preparado aún para esto y siento que todavía lo estoy – no sé, tenía muchas ganas de volver a verte, pero ahora que estás frente a mí no encuentro palabras para expresar mis sentimientos; sólo queda decir que haré todo lo que esté mi alcance para cumplir con la próxima misión. - Es por eso que quise comunicarme contigo; la humanidad tiene que abrir los ojos, algo terrible se aproxima. Quiero que escribas un libro que hable sobre todo lo que te ha pasado, desde lo que Don Rafo te contó de tu pasado, hasta lo que estás viviendo ahora. - ¿Por qué un libro? - El mensaje de un libro llega a muchas personas en distintas partes del mundo. Una vez que tu libro se haya hecho acreedor de cierta fama, podrás presentar el mensaje a la humanidad toda por intermedio de los medios de comunicación. Paolo Paz, quisiera seguir hablando contigo, pero antes el vaso estaba lleno y ahora está rebalsando; la humanidad se está perdiendo y poco a poco se olvidan del creador. - ¿Los extraterrestres creen en nuestro creador? - Son los que están más cerca de él. Ahora tienes que cumplir tu misión, no hay mucho tiempo, te deseo suerte y pongo toda mi fe y confianza sobre ti. Paolo Paz sintió dentro de su alma como una llama que se iba apagando. Pasaba el tiempo, ya era mil novecientos sesenta y tres y Paolo tenía treinta y ocho años; su libro titulado “Sobrenatural” fue publicado y traducido a más de cuarenta lenguas en todo el mundo. Millones lo compraban, muchos por curiosidad, algunos por creyentes. La obra de Paolo Paz llegó incluso al séptimo arte, su nombre era conocido en el mundo entero y los millones que ganaba los había invertido en fundaciones y escuelas. Eran como las cuatro de la tarde cuando escuchó el timbre de su casa, que seguía siendo aquella por cuya ventana podía divisarse aquella montaña de recuerdos y sabiduría. Era Don Rafo, Paolo no lo veía desde hacía diez años cuando lo ayudó a entrar en contacto con su Maestro; lo recibió con alegría. El anciano pidió que lo acompañase a su hogar, soslayando las razones por las que cursaba aquella invitación. Una vez en casa de Don Rafo, Paolo le preguntó el motivo de su invitación. De pronto el anciano cerró los ojos y del piso surgió una urna de hielo cristalino, como sólo pueden verse en los extremos de la Tierra, en los puntos polares. En el interior de aquella hermosa urna se encontraba una flor orquídea. - Paolo, ¿sabes por qué amo a las orquídeas y a todas las plantas en general? – preguntó el anciano. - La verdad es que no lo sé Don Rafo; usted nunca me lo manifestó. - Sabes, yo maltraté mucho al espíritu de los jardines en mi juventud. Esa orquídea representa el absurdo de mi humanidad en aquel entonces, cuando no conocía aún de mis facultades sobrenaturales y destrozaba bosques para construir caminos. ¿Sabes que todo en el universo tiene un espíritu propio? Sino mira como el bosque tiene un orden, uno puede percibir cuando nacen y crecen; están llenos de vida, y esa vida es más pura que la nuestra. Cuando murió aquella flor tan hermosa me sentí muy mal, inexplicablemente mal. Tal vez creas que exagero, pero no es así, fue realmente como me sentí. Cuando vi muerta a la inocente orquídea juré amar a todas las plantas como si fueran humanas, es por eso que siempre he vivido entre ellas. Paolo Paz, ésta es una de mis orquídeas más queridas; la vejez ya no me permite utilizar mis facultades síquicas para curarla, pero siento que no puedo dejar este mundo sin antes reparar aquél error de juventud; ve y tómala y verás como revive después de todos estos años. - Pero maestro usted sabe que yo no poseo tales facultades... - Es una cuestión de fe, ya has empezado mal. El profesor Arias y yo creemos de tu preparación y tu capacidad de utilizar facultades sobrenaturales. Armoniza tu alma, conviértela en música; piensa en el universo. Recuerda que el poder síquico no es otra cosa que la fe y la Biblia habla sabiamente de ello; acuérdate de aquél versículo en donde el maestro afirma que la fe es capaz de mover montañas. Ponlo en práctica. Paolo juntó sus manos y empezó a recitar la oración del Rakán; cuando sintió una carga de energía entre sus manos, empezó por separarlas de a pocos y una bola de luz tan radiante se encontraba ardiendo entre sus manos, y un fuego nacía y brillaba como un sol en pleno estío. Esa luz, tan llena de sentimientos, la dejó caer sobre la orquídea, y pronto vio como ésta volvía a renacer. Lo increíble fue que en ningún momento Paolo sintió temor. Llegada la noche, Paolo Paz estaba a punto de dormir, cuando súbitamente los cristales de su ventana cayeron a pedazos y un hombre gritaba: ¡Hey, te devuelvo tu libro, es un asco! Paolo lo recogió y vio la portada; estaba su nombre escrito con letras de fuego y el libro empezó a incendiarse frente a él. Luego la casa empezó a sacudirse acompañada de un estruendo, cuando de pronto se escuchaban más cristales desquebrajándose y millones de libros derramados en su sala, sobre el lavabo de la cocina, en el interior de los baños, todo se convirtió en un mar de papeles y letras que empezaban a prenderse y obligaba a abandonar la casa de los recuerdos de la montaña. Años más tarde, Paolo se encontraba en medio de las compras del día; por las calles pudieron reconocerlo, lo miraban, lo señalaban y se reían de él. No hizo más que agacharse y seguir el rumbo. Dentro de una bodega, una señora se acercó y le dijo... - Usted es Paolo Paz, ¿verdad? - Sí señora, en qué la puedo ayudar – respondió tratando de forzar una sonrisa. - Eso de las luces de colores en el cielo que cuenta que vio en su libro es lo más ridículo que haya leído en mi vida. No puedo creer cómo ha vendido tantos libros con una historia tan absurda. - Precisamente, uno cree haber escrito el libro para dar una señal a la humanidad, para que progresen espiritualmente, pero parece que entre ustedes ello no tiene razón de ser, sólo parece como que todo fue tiempo perdido. Paolo no se daba cuenta que hablaba en un lenguaje diferente, ridículo, que nadie en el mundo podía escucharlo sin dejar escapar cierta sorna. Los días transcurrieron así, si no era un ¡allí, aquél es el charlatán de la televisión! Era un ¡miren, el loco que vio luces, seguro se fumó un troncho! Todo ello lo trastornó. Se sentó en el parque a mirar las estrellas, y supo que todo había sido inútil, supo que su vida había sido inútil. Tras de él un pequeño llanto se escuchó... - ¡Ayúdeme por favor! - gritaba una mujer – tenga compasión de mí. Paolo se dio la vuelta y se reincorporó para ayudar a la señora, que sostenía un niño en sus brazos... - Señor, mi hijo muere de cáncer, le ruego que se apiade de mí y me ayude. - ¡Cielos! Cómo se llama usted, señora. - Me llamo María, mi hijo se llama Fernando y tiene un tumor cerebral; los médicos dicen que su enfermedad es muy avanzada, que ya no se puede curar; por eso vengo a pedirle de rodillas que haga lo posible por curarlo. Paolo tocó la frente del niño y empezó la oración del Rakán, una luz radiante empezaba a formarse y estaba presto para separar sus manos, cuando de pronto un hombre en harapos se acercó, gritando... - María qué diablos haces aquí con ese loco. - Déjame Pepe, el Sr. Paz lo quiere curar... - Jamás dejaré que un sicópata toque a mi hijo, nunca lo permitiré. Pepe cogió al niño y se lo llevó corriendo; María lo seguía, llorando. La luz empezaba a desvanecerse de las manos de Paolo... Era medianoche, Pepe y María estaban postrados sobre un piso de tierra, llorando la salud de su hijo a quien no le despegaban los ojos de encima. Paolo los seguía, observándolos tras una pequeña ventana. Cuando llegó la hora en que la luna dio la sensación de que todos dormían, decidió ingresar en aquella casa y tomar al niño para curarlo. El acto del Rakán había comenzado y no podía dejarlo inconcluso con un cerebro tan dañado como el de aquel niño. Pero las madres tienen también cierto poder sobre sus criaturas y el contacto que hicieron las manos de Paolo sobre la frente del niño bastó para que María despertase y depositara toda su fe en él. La intensidad de energía también fue percibida por el padre quien, notablemente consternado, arrebató a su hijo que se encontraba en brazos de aquél que consideraba un peligro inminente y, con un tono altisonante ordenaba que abandonara su hogar, y que no regresara más, luego de proferir una serie de blasfemias cerró la puerta, para luego volver la mirada a su hijo que ya se encontraba muerto sobre sus brazos y la impotencia se trasladó a sus piernas que sin resistir más se desplomaron por los suelos y las lágrimas oscurecían la arena. Los años pasaron, Don Rafo ya había fallecido y Paolo estaba en medio de una senectud que sólo esperaba que llegara la hora en que toda una vida de trabajo llegara por fin a su fin. Había curado a tantos durante buena parte de su vida, y mucha gente aprendió a quererlo y a seguirlo. Era un domingo en que se cumplía un año más de aquél incidente que cambió su vida, cuando vio por primera vez la luz junto a su amigo Marco. Se encontraba rodeado por un número considerable de personas, sobre el Monte Luz y ya se aproximaba la hora en que la luna daba la sensación que la humanidad toda dormía. Paolo les narraba todo lo que había acontecido en aquél lugar, esas historias que tanto lo habían marcado y que se habían convertido en recuerdos imborrables en su corazón. Fue entonces cuando apareció Pepe con un arma de fuego sobre la mano y Paolo lo miró con mucho cariño; era tanto el amor que sentía hacia él que no fueron necesarias las palabras, y las miradas de sus seguidores junto con sus presencias ya se habrían desvanecido. Paolo cayó muerto como caen las hojas cuando reciben la llegada del otoño. Pepe arrojó el arma al suelo, se dio la vuelta y abandonó aquella montaña de luces en lágrimas. Paolo no usó sus poderes mentales para evitar morir, sólo se dejó matar para que Pepe cambiara, así como Don Rafo le dijo que al ver la orquídea muerta comenzaba a amar a todas las demás plantas. Paolo no pudo alejar a la humanidad de todos aquellos males y rencores que hacen del pecado invencible; su muerte pudo salvar a un sólo humano, sin embargo la muerte de la orquídea pudo salvar a muchas plantas. Dante Alcócer Campos (19 años) (dantealcam@hotmail.com) Lima - Perú
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