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Quédate conmigo,
serena,
calmada como un atardecer de nubes y de besos.
Cercana a mi espíritu y mi pecho,
como la joven primavera q ahora nos envuelve.
Quédate junto a mis dichas y mis desvelos,
junto a mis dudas,
junto a mis besos y mis abrazos.
Que la mañana nos devora, y nos aleja;
q la mañana es el tiempo,
q la sonrisa de tu cuerpo es un efímero regalo.
Que tú me perteneces,
y q yo te extraño.
Que ya no quedan dudas q interponer,
para el roce, ni la locura.
Que te amo.

Está la verdad tan cerca,
q ya te siento.
Que me batallan las noches cuando duermes.
Que me apresuran los minutos a deshacerte,
rosa de tu alma,
joya de mi deseo.
Que te codicio,
q te construyo,
catedral de mi consuelo.
Que te persigo,
cuando te vas llevando ocasos en tus ojos
a recorrer el mundo cotidiano de la vida.

Tú me sorprendes,
con el misterio de tu sencillez enorme.
Tú me das fuerzas
cuando se me quiebra la palabra
y aparece la desdicha.
Eres mi fe y mi baluarte,
mi general y mi sentencia,
la tranquilidad de mi corazón,
la fragilidad de mis horas
cuando pasan los minutos.
Si acaso te marcharas,
cómo no fuera mi mentira,
cómo no fuera.
Cómo no existiera el orbe infinito del poema,
cómo no existiera;
Como no amaras,
morirían los árboles y la tierra q alimentas,
morirían las lunas y los soles,
morirían si no amaras.
Desplegarían sus voces las montañas,
y recorrerían los ríos la pena de los hombres.
Si acaso te marcharas,
olvidarías q te quise.
Olvidarías,
más promesas q palabras,
la confianza del mañana.
Por tanto,
no hay lugar para la huida de mis ojos,
ni escondite para tu boca de mis besos.
No hay tanta luz para dar sentido a este mundo
q la de tu pecho,
q me yergue entre todos y todo;
Que lo imposible es el contenido más certero
para llamarte día a día.
Que te quiero.
Que me encuentro más pequeño
cada vez q te me ofreces.
Que me ofreces la vida,
que me ofreces los sueños.
Quédate.
No me importa cuánto ni cómo.
No me importa la razón, ni el juicio.
Quédate en el camino q nos lleva
al corazón de ambos.
Quédate estrechando
la nostalgia de lo q hemos hecho,
la perdida creación q da aliento a nuestros cuerpos.
Quédate más q nadie,
más q nada.
Ni el aire,
ni la muerte q me acecha.
Quédate junto a mí, mi amor,
Tengo frío... Es muy tarde.

Quédate conmigo,
serena,
calmada como un atardecer de nubes y de besos.
Cercana a mi espíritu y mi pecho,
como la joven primavera q ahora nos envuelve.
Quédate junto a mis dichas y mis desvelos,
junto a mis dudas,
junto a mis besos y mis abrazos.
Que la mañana nos devora, y nos aleja;
q la mañana es el tiempo,
q la sonrisa de tu cuerpo es un efímero regalo.
Que tú me perteneces,
y q yo te extraño.
Que ya no quedan dudas q interponer,
para el roce, ni la locura.
Que te amo.

Está la verdad tan cerca,
q ya te siento.
Que me batallan las noches cuando duermes.
Que me apresuran los minutos a deshacerte,
rosa de tu alma,
joya de mi deseo.
Que te codicio,
q te construyo,
catedral de mi consuelo.
Que te persigo,
cuando te vas llevando ocasos en tus ojos
a recorrer el mundo cotidiano de la vida.

Tú me sorprendes,
con el misterio de tu sencillez enorme.
Tú me das fuerzas
cuando se me quiebra la palabra
y aparece la desdicha.
Eres mi fe y mi baluarte,
mi general y mi sentencia,
la tranquilidad de mi corazón,
la fragilidad de mis horas
cuando pasan los minutos.
Si acaso te marcharas,
cómo no fuera mi mentira,
cómo no fuera.
Cómo no existiera el orbe infinito del poema,
cómo no existiera;
Como no amaras,
morirían los árboles y la tierra q alimentas,
morirían las lunas y los soles,
morirían si no amaras.
Desplegarían sus voces las montañas,
y recorrerían los ríos la pena de los hombres.
Si acaso te marcharas,
olvidarías q te quise.
Olvidarías,
más promesas q palabras,
la confianza del mañana.
Por tanto,
no hay lugar para la huida de mis ojos,
ni escondite para tu boca de mis besos.
No hay tanta luz para dar sentido a este mundo
q la de tu pecho,
q me yergue entre todos y todo;
Que lo imposible es el contenido más certero
para llamarte día a día.
Que te quiero.
Que me encuentro más pequeño
cada vez q te me ofreces.
Que me ofreces la vida,
que me ofreces los sueños.
Quédate.
No me importa cuánto ni cómo.
No me importa la razón, ni el juicio.
Quédate en el camino q nos lleva
al corazón de ambos.
Quédate estrechando
la nostalgia de lo q hemos hecho,
la perdida creación q da aliento a nuestros cuerpos.
Quédate más q nadie,
más q nada.
Ni el aire,
ni la muerte q me acecha.
Quédate junto a mí, mi amor,
Tengo frío... Es muy tarde.

Quédate conmigo,
serena,
calmada como un atardecer de nubes y de besos.
Cercana a mi espíritu y mi pecho,
como la joven primavera q ahora nos envuelve.
Quédate junto a mis dichas y mis desvelos,
junto a mis dudas,
junto a mis besos y mis abrazos.
Que la mañana nos devora, y nos aleja;
q la mañana es el tiempo,
q la sonrisa de tu cuerpo es un efímero regalo.
Que tú me perteneces,
y q yo te extraño.
Que ya no quedan dudas q interponer,
para el roce, ni la locura.
Que te amo.

Está la verdad tan cerca,
q ya te siento.
Que me batallan las noches cuando duermes.
Que me apresuran los minutos a deshacerte,
rosa de tu alma,
joya de mi deseo.
Que te codicio,
q te construyo,
catedral de mi consuelo.
Que te persigo,
cuando te vas llevando ocasos en tus ojos
a recorrer el mundo cotidiano de la vida.

Tú me sorprendes,
con el misterio de tu sencillez enorme.
Tú me das fuerzas
cuando se me quiebra la palabra
y aparece la desdicha.
Eres mi fe y mi baluarte,
mi general y mi sentencia,
la tranquilidad de mi corazón,
la fragilidad de mis horas
cuando pasan los minutos.
Si acaso te marcharas,
cómo no fuera mi mentira,
cómo no fuera.
Cómo no existiera el orbe infinito del poema,
cómo no existiera;
Como no amaras,
morirían los árboles y la tierra q alimentas,
morirían las lunas y los soles,
morirían si no amaras.
Desplegarían sus voces las montañas,
y recorrerían los ríos la pena de los hombres. Si acaso te marcharas,
olvidarías q te quise.
Olvidarías,
más promesas q palabras,
la confianza del mañana.
Por tanto,
no hay lugar para la huida de mis ojos,
ni escondite para tu boca de mis besos.
No hay tanta luz para dar sentido a este mundo
q la de tu pecho,
q me yergue entre todos y todo;
Que lo imposible es el contenido más certero
para llamarte día a día.
Que te quiero.
Que me encuentro más pequeño
cada vez q te me ofreces.
Que me ofreces la vida,
que me ofreces los sueños.
Quédate.
No me importa cuánto ni cómo.
No me importa la razón, ni el juicio.
Quédate en el camino q nos lleva
al corazón de ambos.
Quédate estrechando
la nostalgia de lo q hemos hecho,
la perdida creación q da aliento a nuestros cuerpos.
Quédate más q nadie,
más q nada.
Ni el aire,
ni la muerte q me acecha.
Quédate junto a mí, mi amor,
Tengo frío... Es muy tarde.

Javier (atlan40@hotmail.com)




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