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El rincón literario: Hermes visita Posible
Hermes era un niño de esos que se preocupan por los problemas de su país. Hace dos noches cuando se iba a la cama, escuchó que su madre hablaba de un hombre pobre, vecino de la misma comunidad, que había amanecido muerto, y que en la investigación se determinó que la causa había sido la poca y mala alimentación, unida a la falta de medicamentos que debía estar consumiendo. Esto le preocupó y se fue a dormir pensando en el pobre hombre.

La noche le tomó en su regazo, y sus oraciones personales que habían extendido su ruego a favor de los pobres del mundo, quizás le llevaron en el mundo de los sueños a la puerta de una ciudad desconocida. En verdad la mente de un niño no tiene límites, menos aun cuando duerme. Todos podemos aprender de la sencillez con que afrontan las situaciones.

En su sueño, Hermes estaba frente a esa puerta inmensa, que de inmediato se abrió, y al paso salieron a recibirles algunos niños, presididos por uno que dijo llamarse Proper.

Proper: Hemos recibido a través de tu Ángel Guardián, tus deseos de un mundo mejor para todos, y por eso, y porque eres niño hemos decidido invitarte a visitar esta ciudad llamada Posible. Es un proyecto que viene preparándose en la mente de los niños de hoy que serán los adultos de mañana, que permitirá que todos vivamos en más armonía.

Hermes: En mi ciudad y en mi barrio hay pobres que mueren de hambre, muchos se quedan en sus casas a esperar la muerte como Don Merquiales, que murió por falta de medicinas y de alimentos.

Proper: Acá no pasa eso, hemos logrado solucionar ese problema.

Hermes: ¿Cómo lo lograron ustedes?, pues mis padres y yo, y mucha gente en mi mundo están preocupados por este problema, y por lo que ocurre a cuenta del mismo.

Proper: Es muy simple, ustedes cometieron un error al principio, cuando decidieron organizarse en sociedades que respeten los Derechos Humanos. Ustedes aprobaron los Derechos Humanos dentro de las personas, como algo que no se les puede negar, pero no unieron estos derechos con las fuentes del dinero que es necesario pagar para cada quien hacer realidad sus derechos.

Hermes: Puedes explicarme mejor, porque soy un niño igual que tú, pero necesito un poco más de explicación.

Proper: Es muy simple, ustedes todos tienen Derechos Humanos pero si no tienen dinero no pueden hacer que esos Derechos Humanos se puedan hacer realidad. Por ejemplo, tienen el Derecho a la Alimentación como lo tenía Don Merquiales, pero si no tienen dinero para pagar los alimentos se mueren de hambre, como le pasó a Don Merquiales.

Hermes: Ya entiendo, lo mismo pasa con el Derecho de los Niños a la vida, a las medicinas, a estudiar, a transitar libremente por la ciudad y por el mundo, a divertirse, a vestirse, etc. Esto es muy difícil en mi mundo, … ¿Cómo ustedes lograron solucionar esto?

Proper: Muy sencillo, nosotros reconocemos en nuestra ley principal, a cada persona como un regulador de la Emisión Monetaria, y regulamos el poder de emisión monetaria con los Servicios Básicos de Derechos Humanos. Esto lo organizaron nuestros economistas.

Hermes: Un momento, hace rato que no entiendo nada. ¿Qué es todo eso de Emisión Monetaria y todo lo demás?

Proper: En tu mundo el dinero lo emite el Gobierno, igual que si fuera un producto en una fábrica, es decir, si se pone escaso se imprime más, y si hay mucho dinero la gente sale a gastar o a trabajar para ganarlo, hasta que vuelve a ser escaso. Este método no es útil para nadie.

Hermes: Y ¿Cómo debemos hacerlo?

Proper: Nosotros no lo hacemos así, acá el dinero lo emite cada persona, justificado en el ejercicio de los derechos humanos que nadie puede negarles, y el primer derecho humano que le reconocemos es el derecho a emitir dinero, su dinero personal que le corresponde para proveerse sus derechos humanos.

Hermes: No lo puedo creer, quiere decir que todo el mundo tiene dinero, y que este dinero está por decirlo así dentro de las personas, en sus derechos.

Proper: Así es. Te invito a que me acompañes para que veas algunos ejemplos.

Fueron un poco más adentro de la ciudad, y Hermes veía como funcionaba en sus adentros.

Proper: ¡Saludos Anael!, como andan las cosas por acá.

Anael: Muy bien, jovencito. Y su compañero, ¿quién es?

Proper: Es un visitante de la ciudad, muéstrale cómo es tu dinero.

Entonces Anael le mostró un paquete boletos como los de las tarjetas de crédito, y le dijo, este es el dinero que se maneja acá, son boletas de dinero electrónico, la gente paga todo con tarjetas de crédito y débito. Estas son las tarjetas (y le muestra una), son tanto para ahorrar como para gastar de lo ahorrado o del crédito que nos viene por nuestros Derechos Humanos.

En ese momento se levantó un señor que estaba comiendo de un plato una comida. Se le acerca a Anael y le entrega otro boleto. Entonces dice Anael: Este es otro ejemplo, yo no vendo comida pero con este y dos más hago esta transacción. Son tres personas que comen en mi casa. Tres platos más no le hacen daño a ninguna olla, y de paso les permito pagar su alimento con su propia emisión monetaria personal. Cada vez que ellos comen acá y me firman su boleta de EMP (Emisión Monetaria Personal) entonces crean un dinero que antes no existía. El Banco Central me convierte estos boletos en dinero en efectivo, cuando las deposito en mi cuenta de mi Banco Comercial. Es muy sencillo. ¿Ahora lo entiendes, Hermes?

Hermes se quedó pensativo, es un adolescente, niño al fin, completó con su imaginación lo que faltaba por explicar.

Hermes: Dices que esto lo idearon los economistas de esta ciudad.

Proper: Sí, y principalmente los abogados, y luego los legisladores lo convirtieron en una ley; La Ley de Emisión Monetaria Personal que interconecta la Capacidad de Emitir Dinero con los Derechos Humanos de cada ciudadano. Es decir, hicimos que la Emisión de Dinero pasase de ser un proceso misterioso y desconocido por el ciudadano, a ser un poder personal que le da a cada cual la verdadera soberanía que debe sentir por ser parte de una sociedad.

Hermes: Esto es fantástico!!!

Habiendo dicho esto, la emoción embargó a Hermes, y en medio de un molestoso ruido despertó de su sueño. Había sonado el timbre del reloj despertador, y era hora de comenzar un nuevo día de clases. Cuando ya estaba listo bajó a desayunar, estaban sus padres y sus hermanos menores a la mesa, compartiendo el manjar matutino.

De repente, los padres de Hermes descubren que está tarareando alegremente una canción, aquella que había oído de unos niños en la Ciudad Posible, y le pregunta su padre Don Manuel: “Hermes, mi hijo, que te pasa que estás tan alegre”. Hermes le responde: “Papá, ya sé que voy a ser cuando vaya a la universidad. Seré Economista y luego Abogado”.

Lic. José Manuel Fernández Núñez (josem29@hotmail.com)
20 de abril del 2007
www.eumed.net/libros/2006a/jmfn/index.htm






 
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